
Ficha de servicio · 2026
Ainudez: ficha del servicio
Precio por crédito a la vista y pago único; sobre quién opera el servicio y cuándo se borran las imágenes, ni una línea.
En corto
Ainudez enseña su tarifa completa antes de que crees una cuenta: una imagen vale 15 créditos y los paquetes van de 500 créditos por 9,99 dólares a 100 000 créditos por 199,99, sin créditos de regalo. Sus términos descartan suscripciones y cobros que se renuevan solos, así que pagas una vez y el saldo se queda ahí. Lo que ningún documento suyo responde es cuándo desaparecen las imágenes de sus servidores y qué sociedad firma el servicio.
Todo lo que sigue sale de lo que el servicio publica de sí mismo —tarifas, términos, aviso de privacidad y política de retiros—, leído en su propio sitio. Conviene ubicarlo antes: aquí no hay programa que bajar, y la diferencia con la portada con los seis servicios revisados es justamente esa.
El veredicto
A quién le sirve y dónde se frena
Encaja con quien quiere saber cuánto va a gastar antes de entrar; no, con quien necesita un responsable con nombre y una vía para reclamar el cargo.
9,4/10
Posición editorial de la redacción sobre el conjunto, no una medición de sus resultados ni una nota de transparencia. En ese otro eje: la tarifa está completa y a la vista; a cambio, del otro lado no hay razón social, ni fecha de borrado, ni manera de disputar el pago.
Lo que suma
- La tarifa es pública y completa: cuatro paquetes de 9,99 a 199,99 dólares, con el costo de cada generación al lado.
- Sus términos declaran que el servicio no ofrece suscripciones, membresías recurrentes ni renovaciones automáticas.
- El aviso de privacidad afirma que no usa lo que subes ni lo que genera para mercadotecnia, perfilamiento ni entrenamiento de modelos de terceros.
- Su política de retiros fija 48 horas para bajar una imagen íntima denunciada sin consentimiento.
Dónde falla
- Ningún documento pone plazo de borrado: habla de conservar «el tiempo razonablemente necesario».
- Del operador solo consta el nombre comercial y la frase de que está basado en Estonia; no hay razón social ni domicilio.
- El cobro es en criptomoneda: no existe contracargo ante el banco y las compras se dan por definitivas.
- La interfaz está en español, pero los cuatro documentos legales solo se publican en inglés.
La ficha
Cuánto cuesta y quién responde
Cada renglón viene de una página suya distinta. Donde el documento calla, el renglón se queda abierto en vez de llenarse con una estimación.
| Renglón | Qué dice el servicio | Dónde se lee |
|---|---|---|
| Paquetes | 500 créditos por 9,99 dólares; 2 500 por 19,99; 10 000 por 39,99; 100 000 por 199,99. No anuncia créditos de regalo. | Página de precios |
| Costo por generación | 15 créditos una imagen. Video: 50 créditos en 480p de 5 segundos, 75 en 480p de 7, 150 en 720p de 5 y 300 en 720p de 7. Advierte que «cada generación cuenta, incluyendo arreglar cara». | Página de precios |
| Operador y ley aplicable | Solo la marca y la frase de que está basado en Estonia; las controversias van a tribunales estonios. Sin razón social ni domicilio. | Términos y aviso de privacidad |
| Pagos | Criptomoneda por procesadores externos: billetera, hash de la transacción, monto y estado del pago. Otros medios no se publican. | Aviso de privacidad |
| Fotos y conservación | Sin plazo declarado. Dice conservar los datos «el tiempo razonablemente necesario» y remite a un anexo para residentes de California. | Aviso de privacidad |
| Atención | Un correo general y otro para denuncias de abuso. Sin domicilio, teléfono ni plazo de respuesta. | Página de contacto |
Los dos primeros renglones se leen juntos. El crédito no cuesta lo mismo en los cuatro paquetes: del más chico al más grande su precio cae a una décima parte, y esa caída no premia el consumo, premia el adelanto. Quien compra 100 000 créditos está pagando por adelantado unas 6 600 imágenes a un servicio que no publica razón social; el descuento es el precio de esa confianza.
El renglón de conservación, en cambio, no fija plazo alguno: «el tiempo razonablemente necesario» es una facultad del responsable, no un compromiso con fecha.
El cálculo que la tarifa no hace: con el paquete de 9,99 dólares la imagen sale en unos 0,30; con el de 199,99 baja a unos 0,03. Un video de 720p y 7 segundos consume 300 créditos, el equivalente a veinte imágenes. Para ver el mismo cuadro cuando el precio no está a la vista, sirven la ficha de Pornworks y la ficha de UndressHer.
Qué declara sobre tus archivos
Una promesa clara y un plazo que falta
En un punto el texto es tajante y en el otro se diluye, y de esa diferencia depende a quién le reclamas en México.
Lo tajante: el aviso de privacidad descarta que las imágenes que recibe y los resultados sirvan para perfilarte, para publicidad o para entrenar modelos de terceros. Es una afirmación suya, sin auditoría de por medio, pero está escrita.
Lo que se diluye es el tiempo. No hay cifra de borrado en ningún documento, solo la fórmula de conservar mientras sea razonablemente necesario, y la supresión se pide por correo. La Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares te da ese derecho, pero se ejerce contra un responsable identificable: aquí no hay sociedad ni domicilio, el foro pactado es Estonia y el registro público del dominio está bajo un servicio de privacidad.
Lo más parecido a un plazo aparece en el anexo para residentes de California, y va en sentido contrario: declara que los datos de tipo sensorial permanecen mientras la persona mantenga una cuenta abierta. No es una fecha de borrado, es una condición que depende de un trámite tuyo.
Los seis criterios
Dónde se sostiene la ficha y dónde se cae
Ninguno de estos apartados mide resultados: comparan lo que el servicio declara con lo que un comprador necesita saber antes de pagar. Donde no declara nada, el apartado lo dice y se queda ahí.
Privacidad y qué sabe de ti
De este apartado esperamos tres respuestas: quién es el responsable, cuánto duran los datos y para qué sirven además de producir la imagen. Aquí hay una escrita, una a medias y una ausente. La escrita es la mejor noticia de la ficha: su aviso descarta usar las imágenes recibidas y los resultados para perfilarte, para publicidad o para entrenar modelos de terceros. Es una afirmación suya, sin auditoría que la respalde, pero está en un documento que puedes citar después.
La que va a medias es el rastro del pago: billetera, hash de la transacción, monto y estado, sin números de tarjeta. Son menos datos que en una compra normal, pero un hash es un identificador público y permanente en una cadena de bloques: no lleva tu nombre y, aun así, quien lo tenga sigue el movimiento para siempre.
La ausente ya la conoces: no hay plazo de borrado. Tus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición existen igual —veinte días para responder y quince más para ejecutar, con queja ante Transparencia para el Pueblo, la autoridad garante federal—, pero se ejercen contra un responsable con nombre. Aquí el destinatario es un buzón de correo y el foro pactado son los tribunales de Estonia. Sigue siendo más de lo que ofrece cualquiera de los formatos que se anuncian como app DeepNude, donde no hay ni buzón al que escribir.
Calidad del resultado y dónde se rompe
Aquí no hay medición nuestra: no enviamos imágenes ni generamos nada. Lo que sí se puede leer son los techos que el propio tarifario fija, y un techo publicado dice bastante. El video no pasa de 720p y las duraciones son de cinco o siete segundos; por encima de eso su tarifa no ofrece nada. De la imagen fija, en cambio, no publica resolución de salida: es un hueco, y en una compra de este tipo el hueco se paga.
Lo que sí está escrito, y es la línea que más cambia la cuenta, es que «cada generación cuenta, incluyendo arreglar cara». Es decir: corregir un rostro mal resuelto se cobra como una imagen nueva. El costo real, entonces, no es el de una generación sino el de cuantos intentos necesites, y eso no se puede saber antes de pagar. Dos retoques convierten una imagen de 15 créditos en una de 45.
Según su propia documentación, el catálogo incluye preajustes y un editor para intervenir solo una parte de la imagen, justo la función que abarata los arreglos. Comprobación que puedes hacer tú: abre las propiedades del archivo descargado y lee su resolución real, porque la vista previa en pantalla suele verse mejor que el archivo que te llevas.
El precio real de una imagen
Con los cuatro paquetes a la vista, la imagen de 15 créditos sale en unos 0,30 dólares en el paquete de 9,99; en unos 0,12 en el de 19,99; en unos 0,06 en el de 39,99 y en unos 0,03 en el de 199,99. Diez veces de diferencia entre el primero y el último. Es el único servicio de esta comparación donde puedes hacer esa cuenta antes de crear una cuenta, y por eso pesa a favor.
La cuenta del video corrige el entusiasmo: un clip de 720p y siete segundos consume 300 créditos, veinte imágenes. Con el paquete de 9,99 dólares alcanza para uno solo de esa calidad. Quien viene por el video está mirando un servicio bastante más caro de lo que sugiere el titular de la tarifa.
Un detalle que su tarifa no menciona: los cuatro importes están en dólares y el pago es en criptomoneda. Cuánto acabas gastando en pesos depende del tipo de cambio del día y de la comisión de la casa donde compres la moneda, que el servicio ni fija ni publica. El precio por imagen de arriba es el piso, no el total. El otro modelo del catálogo —cobrar por ejecución, con tarjeta y sin comprar saldo por adelantado— es el precio por ejecución de WaveSpeed.
Velocidad y fila de espera
Ninguno de sus documentos declara un tiempo de entrega, ni en segundos ni en minutos, y tampoco anuncia una fila rápida de pago frente a una normal. Hay una lectura buena: al no existir nivel gratuito, tampoco existe el esquema en el que quien no paga espera detrás de quien sí, que es donde la lentitud se vuelve argumento de venta. Y una mala: sin plazo declarado, una generación lenta no incumple nada.
Lo único que el tarifario deja deducir es el peso del cómputo: 15 créditos una imagen contra 300 un clip de 720p y siete segundos. Esa proporción de veinte a uno ordena qué tarda más, aunque no diga cuánto.
Soporte, quejas y devoluciones
El canal es uno solo, el correo, con buzones separados para dudas, denuncias de abuso, apelaciones de moderación y datos personales. No hay chat, teléfono, domicilio ni plazo de respuesta comprometido para una duda comercial. Donde sí hay plazos escritos es en el terreno de los retiros: 48 horas para bajar una imagen íntima denunciada sin consentimiento y cinco días hábiles para instruir una queja, según su propia documentación. Que los plazos existan justo ahí, y no en la atención al cliente, indica qué obligación le pesa más.
En devoluciones el texto no deja margen: las compras son definitivas salvo cuando la ley obligue. Y la vía de consumo mexicana tropieza antes de empezar, porque Profeco pide el nombre y el domicilio del proveedor tal como aparecen en el comprobante, y aquí no existe ninguno de los dos. Súmale que un pago en criptomoneda no se impugna ante ningún banco y el resultado es claro: la única protección efectiva que tienes es el tamaño del paquete que decidas comprar.
Lo que no comprobamos
Cuatro cosas quedan fuera, y decirlo forma parte del método. Primera: no enviamos imágenes ni generamos resultados, así que nada de lo anterior es una medición de calidad; la calificación es una posición editorial sobre el conjunto, y la transparencia se juzga aparte, en los renglones de esta ficha. Segunda: no están publicados los formatos que acepta al cargar un archivo ni el peso máximo.
Tercera: no consta si en la caja aparece algún medio de pago distinto de la criptomoneda; de sus documentos solo resulta ese. Cuarta: no dice en qué idioma contesta el correo de atención, y aunque la interfaz esté traducida al español, sus cuatro documentos legales solo se publican en inglés. Esos cuatro huecos se quedan como huecos: llenarlos con estimaciones sería inventarle condiciones al servicio.
Preguntas frecuentes
Dudas sobre créditos, pagos y archivos
Las respuestas salen de su tarifa pública y de sus documentos legales, y se marcan como afirmaciones suyas.
¿Cuánto termina costando cada imagen?
Quince créditos: unos 0,30 dólares con el paquete de 9,99 y unos 0,03 con el de 199,99. El servicio aclara que corregir la cara también consume créditos, así que dos retoques duplican el gasto.
¿Regala créditos al abrir la cuenta?
Su tarifa no menciona ninguno: el punto de entrada es el paquete de 500 créditos. Visto de otro modo, tampoco hay periodo de cortesía que se convierta en cobro cuando vence.
¿Acepta tarjeta bancaria?
De sus documentos solo resulta la criptomoneda: enumera billetera, hash de transacción, monto y estado del pago, y declara que no guarda números de tarjeta. Otros medios no aparecen. Importa, porque un pago así no se aclara con el banco.
¿Cuándo borran la foto que recibe?
No lo dice. La única referencia es la conservación «el tiempo razonablemente necesario», sin días ni meses, con un anexo aparte para residentes de California.
¿Quién está detrás del servicio?
Poco más que una marca: base declarada en Estonia, disputas bajo ley estonia, sin razón social ni domicilio y con el dominio resguardado por un servicio de privacidad. Para alguien en México, eso es un reclamo de consumo cuesta arriba.
¿También hace video y cuánto cuesta?
Sí, con dos resoluciones y dos duraciones: 480p o 720p, de cinco o siete segundos. El más caro, 720p y siete segundos, vale 300 créditos, lo mismo que veinte imágenes. Nada por encima de 720p aparece en su tarifa.
¿Devuelven el dinero?
Sus términos las dan por definitivas, salvo cuando la ley obligue. No hay membresía que se renueve sola: el riesgo no es el cobro repetido, sino el saldo comprado y sin usar. El cuadro completo está en los seis servicios que revisamos.
9,4/10 · Sin plan gratuito